Echar por tierra, un proyecto de Eduard Moreno

Junio 29 a Agosto 17 de 2013

Echar por tierra

 

Un proyecto de Eduard Moreno.

 

 

Derribar, arruinar, asolar, eso significa echar por tierra.  ¿Cuál es el objeto de un proyecto artístico titulado según una expresión que indica devastación, desolación, estropeo, hundimiento, saqueo? Sin falsas pretensiones, pero con la claridad que otorgan el trabajo constante, la lectura consciente de pensadores contemporáneos, la observación analítica de los procesos económicos actuales en Colombia, y el compromiso ético de querer ocuparse de un lugar y un tiempo desde su propia práctica artística, Eduard Moreno  (Bogotá, 1975) se ha planteado el reto de Echar por tierra algunos de los sueños, utopías e ilusiones del proyecto moderno en Colombia y sus manifestaciones más contemporáneas.

 

La intención es la de demostrar ya no el fracaso de ese proyecto moderno–algo quizás propio de contextos que realmente pasaron por procesos industriales y culturales claramente orientados hacia la consecución de sus ideales–, sino su frustración, un sentimiento a lo mejor más propio de modernidades que aún no llegan a serlo completamente,  con sueños a medias, visiones precarias, constantes ensayos, esperas y esperanzas irresueltas.  El método, si es que cabe el término dentro de un campo tan elusivo como el del arte contemporáneo,  es el de las visiones de paralaje propuesto por el filósofo Slavoj Žižek (Liubliana, 1949).  Este concepto, apropiado de la astronomía y definido como las diferentes posiciones que aparenta un astro en la bóveda celeste cuando es observado  desde puntos distintos, le permite aprovechar críticamente esa proliferación de significados que aparecen en las brechas resultantes tras comparar diferentes posturas.  A lo que aspira Moreno es a encontrar, en esos resquicios, un lugar propio desde el cual poder lanzar, aunque sea de manera temporal, sus potentes reflexiones poéticas. Y el territorio escogido, el pretexto, es el del declive y decadencia de la industria nacional, de esos procesos económicos que agregaban valor en la transformación de la materia, y el retorno simultáneo a dinámicas neocoloniales basadas en la explotación de recursos básicos y las agresivas consecuencias sociales de estas economías extractivas.

 

Es cierto que los proyectos mineros de gran tamaño son importantes generadores de riqueza.  Una buena porción del auge económico que vive el país actualmente es consecuencia de ellos, con todo y las inequitativas secuelas que conlleva para ciertos sectores.  Para las comunidades que habitan las zonas en las que se enclavan dichos proyectos por ejemplo, tales procesos terminan significando su éxodo y apocalipsis.  Con la llegada de estas empresas, se modifica el uso y la distribución de los suelos, se contaminan las fuentes de agua, se impurifica el aire y se instauran botaderos tóxicos.  Como resultado se destruyen los ecosistemas naturales y con esto se van al traste las dinámicas económicas locales, en muchos casos prósperas y auto-sostenibles. Promesas de desarrollo que se traducen en despojo y desplazamiento forzado, disimulado este último en ocasiones bajo el término de “reasentamiento”, eufemismo empleado por el estado en su apoyo a las explotaciones mineras.

 

Como viene siendo una costumbre histórica en nuestro país, la primera extracción que realizan las grandes compañías, sean mineras o agrícolas, es la humana; y el sistema, cómplice, les acompaña.  Si no es este el caso, ¿por qué los pequeños mineros del Cesar son considerados ilegales por las normativas gubernamentales? ¿Qué queda en estos lugares para quienes basaban sus actividades vitales en la agricultura, la cría de animales, la caza o la pesca? Un “rico” acervo compuesto por pobreza, enfermedad y desplazamiento; deseos, aspiraciones, planes individuales y familiares que son echados por tierra con el beneplácito de las instituciones oficiales.  Es pertinente recordar en este punto al sociólogo Alfredo molano cuando afirma que “la historia no se refugia en las notarías ni en los juzgados, ni siquiera en los periódicos: la historia es una voz llena de timbres y de acentos de gente anónima”.  Pero así como esos campesinos desplazados son individuos en pleno derecho y no sólo cifras, los impactos de las operaciones mineras no se concentran exclusivamente en el lugar de la extracción, lejos de la vida urbana.  Hay mucho que perder y no parecemos ver los peligrosos corolarios de bonanzas que son capaces de salvar una economía, pero no contribuyen al desarrollo integral del país.

Terminamos del mismo modo en que comenzamos, con un inventario de infamias. Cobra sentido entonces esta invitación que nos hace Eduard Moreno: a echar por tierra muchas de nuestras certidumbres; a debatir en el cielo abierto del arte las problemáticas de estas formas de explotación masiva de la naturaleza que producen enormes huecos sociales y geográficos manifiestos a través del desmantelamiento de comunidades y el saqueo perverso de los recursos no renovables. Pero también es una invitación a indagar, como lo anota el propio artista, en la estética y genealogía del claroscuro, donde la alusión al vacío, al hueco o a la escatología, hacen referencia con más proximidad, a condiciones epistemológicas inherentes al alma moderna.

 

Conrado Uribe

video

Extracción y olvido, video sobre la exposición publicado en revistaarcadia.com

Entrevista de Fernardo Toledo a Eduard Moreno en el programa Milenio de la emisora de la universidad Jorge Tadeo Lozano HJUT 106.9

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