El país de los demás, un proyecto de Fernando Arias

Agosto 30 a Octubre 6 de 2012

 

El país de los demás sería un retrato conceptual de Colombia. Una Colombia que parece siempre dispuesta para entregarse sin reparos al más mediocre y mezquino de los precios. Columbia sería el nombre de este paraíso selvático sin dueño -hoy mejor conocido como paraíso minero- servido en abundancia para los demás. Quizá habrá de recordarse pronto en un museo patrimonial este momento de fatal peligro, como mordazmente intenta emular esta instalación sostenida en el profundo silencio del vacío.

 

Colombia


Pocas personas lo saben, pero Colombia es un país selvático. Casi las dos terceras partes del país son selva. Las selvas son densas, cerradas, llenas de pisos, niveles, tienen más de veinte metros de altura. En las selvas se concentran las dos terceras partes de la diversidad del planeta, y allí se encuentra el agua dulce del mundo. Chocó, Catatumbo, El tapón del Darién, la cuenca amazónica.
La tercera parte del país está constituido por la selva de la cuenca amazónica, la más impenetrable del mundo amazónico. Está habitada casi en su totalidad por indígenas de muchas etnias y grupos lingüísticos. Se estiman allí más de ochenta mil especies de plantas. Hace parte de la reserva forestal más grande de la tierra. Alberga el 20% de las especies mundiales de aves. Allí reina el jaguar junto a la incontable fauna en los ríos y bosques.
Colombia se ha dedicado a vivir del turismo ecológico y realiza explotación tradicional de sus recursos naturales en un control medioambiental que garantiza el equilibrio de su delicado y vasto ecosistema, pero además permite la regeneración natural de sus sistemas biodiversos.
El Tratado de Kyoto ha reglamentado su condición de pulmón del mundo, de modo que en un globo devastado y agotado, es uno de los pocos países que puede vivir de su riqueza natural bajo la condición única de que se conserve su tesoro selvático sin alterar su equilibrio ecológico. Cada uno de los países miembros de la comunidad internacional aporta importantes sumas anuales a Colombia como una especie de impuesto medioambiental. Se considera el país más sofisticado y hermoso del mundo.
Gracias a su ancestral cultura indígena Colombia aprendió a manejar y respetar la tierra. Formas diferentes de vivir y pensar existen en Colombia junto a su inmensa biodiversidad. Hay de todo y es para todos.

 

Columbia


Pocas personas lo saben, pero Columbia es un país minero. Casi las dos terceras partes del país están bajo explotación minera. Las minas son densas, cerradas, llenas de pisos, niveles, tienen más de veinte metros de altura. Las minas alteran la diversidad del planeta, y acaban con el agua dulce del mundo.
La tercera parte del país está constituido por la reserva especial minera de la cuenca amazónica, cerca de 18 millones de hectáreas. Está explotada casi en su totalidad por empresas multinacionales. Su riqueza se haya en el subsuelo en donde abunda oro, uranio, platino, hierro y coltán.
Columbia se ha dedicado a vivir principalmente de la minería y realiza explotación de sus recursos naturales en un control medioambiental que no puede garantizar el equilibrio de su delicado y otrora vasto ecosistema, los grupos armados ilegales han encontrado en la minería una nueva fuente de recursos, que sumados a la minería ilegal genera una velocidad y cantidad de explotación que impide la regeneración de sus sistemas biodiversos.
La comunidad internacional constantemente se reúne en cumbres de la pobreza, y busca entre sus miembros apoyo para suministrar por caridad, alimento y cobijo para una población que sufre niveles de pobreza absoluta en un 80%. No se encuentra alimento en los campos. Los suministros son importados gracias a los tratados de libre comercio que abaratan los precios. Se considera uno de los países más peligrosos y con más pobreza en el mundo.
Gracias a su privilegiada condición minera Columbia aprendió a explotar al máximo sus recursos con la asesoría de expertos internacionales que provienen de países que trasladaron su propia minería a los territorios del tercer mundo. Aquí todos hacen lo que quieren y hay de todo para los demás. Columbia es un paraíso minero sin dueño que vive de la rapiña y es feliz con el vacío de la nada que sobre yace el subsuelo minero.

María Belén Sáez de Ibarra