Naturaleza desmaterializada, una curaduría de Eduardo Serrano con obras de Rodrigo Echeverri, Miler Lagos, Sair García, Saúl Sánchez y Oscar Danilo Vargas

Agosto 31 a Octubre 5 de 2013

Naturaleza Desmaterializada

Eduardo Serrano

 

El término “naturaleza” goza de varias acepciones y se presta para diversas interpretaciones algunas bastante lejanas de la más aceptada la cual se refiere  a todo el universo, a todo lo existente antes de que en ello hubiera intervenido el ser humano o en el caso de que su intervención no hubiera alterado sus propiedades y características. Es lo que se conoce como “la naturaleza”. Pero por naturaleza también se entiende con frecuencia la esencia de un ser, sus cualidades características, lo que le es propio naturalmente y no por convención.  Otras acepciones de naturaleza menos comunes se refieren por ejemplo, al temperamento de una persona o al principio o fuerza cósmica que se supone rige el universo.

Por otra parte, el término “desmaterialización” se refiere a despojar algo de sus cualidades materiales, a lo contrario de “materializar” que consiste en hacer algo concreto, tangible. Se desmaterializa alguna cosa cuando se le deja de reconocer con alguno de nuestros sentidos, aunque realmente nada se puede desmaterializar completamente puesto que es bien conocida la ley química enunciada por Lavoisier sobre la conservación de la materia y que puede resumirse en la sentencia: “la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”.

En materia artística la crítica norteamericana Lucy Lippard fue la primera en aplicar el término desmaterialización para referirse a las obras conocidas genéricamente como “conceptuales” en razón a que la idea tiene en ellas mayor importancia que la forma material. Pero el término fue cuestionado desde el primer momento por quienes consideraban que una hoja de papel o una fotografía, elementos utilizados frecuentemente por los artistas de esa corriente “son tan materiales como una tonelada de plomo”.[1]

Un cuestionamiento similar podría producirse en relación con el postulado curatorial de esta exposición puesto que en la mayoría de las obras incluidas la naturaleza no ha desaparecido del todo, no ha sido desmaterializada rotundamente.  Es claro, sin embargo, que así como la naturaleza juega un papel preponderante en el punto de partida de todas las obras incluidas en la muestra, también en todas se ha transformado, o se ha mediatizado, e inclusive se ha invisibilizado, teniendo en cuenta una u otra de las acepciones aplicables el término.

Es muy posible que este punto en común de las obras en la exposición tenga una relación generacional puesto que Rodrigo Echeverri, Sair García, Miler Lagos, Saúl Sánchez y Oscar Danilo Vargas aparecieron en la escena nacional hace poco más de una década manteniendo desde entonces una estrecha y permanente colaboración que los ha enriquecido y clarificado mutuamente. Pero además, en ese entonces el Internet y la fotografía digital apenas comenzaban a ser utilizados en el país, lo que implica que sus trabajos fueron concebidos originalmente con base en razonamientos  analógicos, metafóricos, pero que prontamente fueron combinados con las posibilidades que se abrían paso con los adelantos electrónicos, y de ahí que sus obras hagan gala de una rica hibridez conceptual que les permite acudir simultáneamente y con la misma propiedad, a la intuición y a la lógica, a la poesía y a la heurística.

No es extraño entonces, que si bien sus raciocinios artísticos se dan a partir del mundo natural y que si bien en una alta proporción de sus trabajos la manualidad personal o dirigida al igual que la excelencia en el oficio son premisas importantes, en muchos casos sus trabajos se produzcan directa y exclusivamente con medios electrónicos, o que se recurra a medios digitales, por ejemplo, para el desarrollo de algunos de sus planteamientos y, con más frecuencia, para la documentación y  difusión de sus obras.  Pero tampoco es extraño que en buena parte de sus producciones las nociones de pintura y/o escultura sigan siendo reconocibles, inclusive cuando se trata de instalaciones o videos.

Este hecho de que sus obras hagan uso algunas veces de construcciones u objetos encontrados  o escogidos pero ya manufacturados, y de que  otras veces las obras sean precisa y cuidadosamente elaboradas, es clara evidencia, no sólo de una versátil aproximación al trabajo artístico, sino de una actitud independiente que lo mismo puede asumir una posición analítica y conceptual que una expresión con base en objetos formales y sensualmente balanceados.

Por otra parte, podría afirmarse que, no obstante involucrar razonamientos analógicos y apoyarse en lo aledaño o circundante, sus trabajos tienen propósitos y miras globales. Consciente o inconscientemente, sus contenidos son aplicables o pertinentes en cualquier parte del mundo, y por combinar signos y conceptos que se extraen de lo ocal para referirse a lo global, es decir, raciocinios inductivos, o que, por el contrario, se extraen de lo global para referir se a lo local, es decir raciocinios deductivos, sus trabajos podrían ser cobijados con el calificativo de “glocales”, término extraído de la economía y extendido al arte para referirse a ese tipo de disposiciones.

Otro aspecto que cohesiona conceptualmente esta exposición a pesar de las numerosas  diferencias entre las obras que la constituyen, es la estrecha relación de los trabajos con el contexto expositivo. Cada una de las piezas presentadas involucra de una u otra forma el espacio donde se presentan, todas lo alteran, lo modifican o establecen un diálogo con su pasado o con sus funciones, lo cual reitera su carácter de instalaciones, de obras que, más que a ser contempladas, incitan a ser reflexionadas. En este sentido, puede afirmarse que no obstante el estímulo visual que representa el impecable diseño arquitectónico de NC Arte, las obras de “Naturaleza Desmaterializada” no se ajustan a él como al cubo blanco de la modernidad que aislaba las pinturas y esculturas para preservar su pureza, sino más bien como a una especie de arena o de pista donde se invita al espectador a considerar o a pensar en sus contenidos los cuales trascienden claramente el entorno expositivo.

La obra de Echeverri, por ejemplo, apela a provocar cierta desorientación por su ubicación, en el techo, de  los números de pruebas que se ubican en las áreas de los crímenes, los cuales, al ser mirados desde un punto de vista inusual, desde abajo,  conducen a interrogantes que no demoran en llegar al cuestionable discurrir de la justicia en el país, a la impunidad que reina en relación con muchos de los homicidios, y por extensión, de todo tipo de  violaciones a la ley. En esta obra “la naturaleza” ha desaparecido totalmente puesto que la presencia del protagonista, el ser humano, sólo se colige por los  rastros de su desaparición. Y su intención crítica se evidencia en el título, Numerología, con el cual se señala una práctica adivinatoria y no la lógica como sustento para las investigaciones judiciales, y se reitera con la obra Vencimiento de Términos, en la cual un reloj con similares números de prueba, alude al usual recurso de dilatar los procesos hasta vencer los términos judiciales y permitir de ese modo que se eviten los castigos correspondientes.

En las construcciones que presenta Sair García son evidentes, tanto la noción de naturaleza, como la idea de desmaterialización, pero no sólo porque los árboles, componentes fundamentales de  “la naturaleza” sean el elemento cardinal, ni porque al haber sido modificados para la construcción de la vivienda sobre palafitos incluida en la muestra, se hayan despojado de sus características esenciales. También la naturaleza conceptual del tipo de viviendas construidas espontáneamente, sin arquitecto, en los intervalos  en que baja la marea, ha sido alterada por su inserción en un espacio  que puede considerarse su contrario por cuanto se trata de un ámbito aséptico y  profesionalmente diseñado, donde el agua no tiene posibilidad de convertirse en amenaza.  Sus obras se mantienen en su establecida temática del desplazamiento forzado y en sus consecuencias en las poblaciones costeras y ribereñas del país y de cualquier parte del mundo donde  se produzca esta Estática Milagrosa, como adecuadamente se denomina su trabajo y en general este tipo de arquitectura sobre estacas en algunos países de Centroamérica y el Caribe.

En El Pequeño Orden del Universo Miler Lagos acude exclusivamente a medios electrónicos para presentar en circuito cerrado una pequeña planta, único vestigio de naturaleza, que sobrevivió a las remodelaciones arquitectónicas realizadas sobre la edificación,. Aunque su trabajo se origina concretamente en el espacio que ocupa el lugar expositivo y no se aleja de él, las implicaciones de su obra se extienden mucho más allá, al ámbito global puesto que evidencia la manera como se pueden adquirir conocimientos mediante la observación del poder de sobrevivencia de la naturaleza y de su aprovechamiento de todos los recursos a su alcance. En su obra se puede reconocer el viejo axioma hermético “así es arriba como es bajo”, principio de la analogía que implica que las mismas leyes que se expresan en lo pequeño se expresan en lo grande y viceversa. Es decir, que las lecciones que imparte este microcosmos, son aplicables universalmente dada la permanente superposición de lo nuevo sobre lo viejo, del urbanismo sobre la naturaleza y dada también la dramática disyuntiva a que es sometida toda sociedad y todo ser entre evolución o extinción.

Las obras de Saúl Sánchez en la exposición se mantienen dentro de los razonamientos que han orientado buena parte de su producción, puesto que no sólo se hallan referidas a su desempeño como artista, sino que evidencian una aproximación a varias prácticas artísticas aunque desde un punto de vista que se origina en sus experiencias de pintor y en reflexiones acerca de la debatible vigencia de la pintura dentro de las perspectivas del arte contemporáneo. Sánchez expande deliberadamente el campo conceptual de la pintura hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta los residuos que quedan de su producción, y los presenta: en un cubo donde ha acumulado los remanentes de su paleta y en un cúmulo de sacos de viruta y aserrín recogidos en una fábrica de bastidores, como extendiendo la injerencia de la pintura a más recientes prácticas artísticas. También presenta una instalación con 58 esculturas de  patas de perro talladas por dos artesanos distintos las cuales ponen de relieve las diferencias en la interpretación de las mismas instrucciones e inducen a reflexionar acerca de sistemas relacionados con el aprendizaje

Los trabajos de Oscar Danilo Vargas se inscriben igualmente en su tradicional temática de explorar la naturaleza humana frente a la inmensidad del universo y por tanto el contenido de buen número de sus obras puede situarse en la estratosfera, aunque sin deslindarse de la vida terrenal, sino por el contrario, en estrecha relación con ella y con la conciencia de su insignificancia ante la inmensidad física y temporal del universo. El artista acude a varias modalidades que van desde la pintura al video pasando por la instalación y la escultura, para expresar la incertidumbre del hombre frente al cosmos, al vacío, la cual relaciona con la desorientación producto de su doble situación de artista emigrante de su entorno cultural, e  inmigrante en una sociedad extraña (Canadá). Vargas patentiza la idea de distancia, de lejanía acudiendo a a un lema como “yo me acuerdo” distintivo de la provincia de Quebec, y combinando la nieve con la cáscara de banano en clara alusión a los entornos septentrional y tropical que alimentan simultáneamente su pensamiento artístico

 

 



[1] Lippard R. Lucy, Six Years: The dematerialization of the Art Object, Praeger Publishers, Inc., New York, N.Y. 1973. p. 5