Catatumbo, un proyecto de Nohemí Pérez

21 de marzo al 28 de abril

El gobierno actual pregona a los cuatro vientos que la minería (fundamentalmente el carbón) será una de las locomotoras del desarrollo. En línea recta, a toda velocidad y de forma irreversible, la locomotora es una metáfora recurrente para la concepción capitalista del tiempo y de la historia.
Sostener una concepción teleológica en el progreso capitalista se basa en la Fe (de carbonero?) en un futuro siempre promisorio y en la inconveniencia de mirar hacia atrás. ¿Por qué no mirar atrás? ¿Qué tipo de tiempo e historia son los que temen mirar atrás? ¿Por qué no frenar la locomotora y detenerse en los acontecimientos? ¿Por qué esa forma condescendiente de hablar de “la gente de a pie”? Como si por ir a pie uno se desplazara menos rápido. Vieja confusión entre velocidad y movimiento. Como si viajar en locomotora, en auto o en avión sería una condición para ver más o para entender mejor la historia. ¿Por qué no pensar que la historia puede ir a lomo de burro, o sobre patas de paloma o, aún más lentamente, sobre placas tectónicas? Se les olvida a los maquinistas de las locomotoras que la historia, como decía Michel de Certeau, comienza a ras de piso…
Días de Babel (Galería Mundo, 2009), fue una exposición donde Nohemí Pérez mostró dibujos en carboncillo de gran formato que representaban edificios icónicos de la arquitectura globalizada, algunos de ellos dramáticamente siniestrados. Conexión evidente con la caída de las Torres Gemelas y el colapso (solo temporal) de un modelo de desarrollo. Como dijo en su momento Baudrillard: “el espectáculo del terrorismo impone el terrorismo del espectáculo”. El falogocentrismo del capitalismo inmobiliario se erige arrogante pero se reveló ridículamente vulnerable. El 11 de Septiembre se reactivó un debate estético-ideológico sobre la postmodernidad y su relación con lo sublime y la catástrofe: una visión conservadora donde lo sublime está asociado al terror y al absolutismo o una visión renovadora donde lo sublime es una categoría estética esencial y recurrente en todas las formas del arte que pretende dar testimonio de lo irrepresentable.
En la exposición Babilonia (Galería Alonso Garcés, 2010) los edificios tallados en el bloque de carbón salen del plano bidimensional. Algunas como piezas escultóricas pero especialmente en la gran superficie de la pared de fondo de la galería, los edificios horadaban de forma amenazante el espacio. Los rascacielos, como lo fueron las catedrales en su momento, compiten incesantemente por llegar al cielo. Cada Imperio, cada Corporación quiere el máximo honor. Rascacielos-fetiche en su éxtasis mercantil, en su reificación fervorosa, en las indulgencias de la acumulación y en la glorificación del lujo confirman que el capitalismo no es solo ideología sino también religión. Religión con sus imágenes, sus fetiches, sus templos, sus sacerdotes, sus profetas, sus vidas ejemplares y sus rituales de culto.
El Catatumbo en el departamento de Norte de Santander (de donde es oriunda la artista) reúne, como tantas zonas del país, elementos en violenta tensión: guerrilla, paramilitares, narcotráfico, minería ilegal, contrabando…un micropaís, un macrodrama. El compromiso y los viajes a su región convierten lo local en una hoja de ruta y de búsquedas creativas.
En esta muestra, en el segundo piso, reaparecen los edificios icónicos tallados y en fotografías. Dispuestas las piezas en depósitos de carbón, las fotografías obraron como ensayos previos a la instalación principal. Una serie de dibujos con polvillo de carbón llevan por títulos: La Loma, Dibuya, Barrancas, Angelópolis, El Descanso, Catatumbo, La Jagua, El Zulia, Tazajero, Cimitarra. Nombres de lugares de extracción, transporte o embarque de carbón, que como sucede algunas veces no solo son nombres, sino también son el espacio mental y geográfico de resonancias misteriosas, de conocimiento atávico. Nombres que guardan memorias míticas y de violencias recientes. Aquí son dibujos que se desvanecen; aquí son metáforas de la evanescencia; allá, contaminación y desastre a cielo abierto.
El título de la instalación del primer piso, El tiempo del lobo, es una referencia a la película de Michael Haneke (2003) y se refiere a tiempos pre-apocalípticos donde los signos de la naturaleza presagian lo peor. La pieza principal de esta muestra sigue un desarrollo formal muy coherente durante los últimos años de trabajo de la artista: del dibujo, a las esculturas, a la instalación. Túmulo de 5 toneladas de carbón de piedra, erizado de edificios tallados en carbón, con un énfasis dramático que podría tocar el problema de lo sublime como esa intersección entre dolor y belleza. La pieza señala como el uso y el abuso de los recursos naturales de manera irresponsable y no-sostenible ya no es premonición, es (al menos) admonición.

José Alejandro Restrepo

Una montaña de cinco toneladas de carbón está en el primer piso de la galería NC-arte, en Bogotá. En ella hay 205 edificios tallados en el mismo material, uno por cada Estado del la tierra. Son edificios emblemáticos, como el Empire State, el Chrysler y el Coltejer, que recuerdan que ellos y la sociedad que los produjo son ‘hijos’ del carbón.

“El poder del ‘primer mundo’ está anclado en el ‘tercer mundo’. El carbón movió al capitalismo y cambió al mundo con la Revolución Industrial”, recuerda la artista Nohemí Pérez, autora de ‘Catatumbo’, como se llama la exposición.

El nombre conduce a una de las regiones colombianas (Santander) de donde el carbón –después de mucho esfuerzo- sale para ser consumido en medio mundo. “Soy de Tibú, de esa región, y siempre he querido trabajar ese tema” dice Nohemí. “Allá se conjugan todas las aristas de los problemas de Colombia: guerrilla, petróleo, carbón, paramilitares, contrabando, minería ilegal”.

'Catatumbo' es la tercera exposición en la que Nohemí Pérez realiza en una reflexión sobre las formas de producción y sobre la economía de la sociedad contemporánea, en la que enlaza el carbón con los rascacielos.

Las primeras fueron Días de Babel (galería Mundo, 2009), que según recuerda José Alejandro Restrepo, curador de la actual exposición, “mostró dibujos en carboncillo de gran formato que representaban edificio icónicos de la arquitectura globlalizada, algunos de ellos dramáticamente siniestrados. Conexión evidente con la caída de las Torres Gemelas y el colapso (solo temporal) de un modelo de desarrollo”.

Un año más tarde, en Babilonia (galería Alonso Garcés), mostró edificios en carbón que competían por llegar al cielo. Restrepo los describe como “rascacielos-fetiche en su éxtasis mercantil, en su reificación fervorosa, en las indulgencias de la acumulación y en la glorificación del lujo confirman que el capitalismo no es solo ideología sino también religión. Religión con sus imágenes, sus fetiches, sus templos, sus sacerdotes, sus profetas, sus vidas ejemplares y sus rituales de culto”.

Los lugares que mueven el mundo

En este nuevo acercamiento que cuestiona la economía global, la artista hace notar que en la instalación las edificaciones no surgen victoriosas: “Los edificios, realmente, están caídos. Es la decadencia del capitalismo, que todavía se mantiene sobre los escombros. Estos pueden ser los países como los de Latinoamérica, que con el caos social y proporcionando la materia prima paga el costo de sostener el capitalismo para que no colapse”.

En ese sentido, la instalación no pudo tener mejor nombre: El tiempo del lobo, que en la mitología germana “hace referencia a los tiempos de cambio y preapocalípticos”, dice la autora.

En contraste con el hecho de que el carbón iluminó las calles de las urbes del ‘primer mundo’ al comienzo de la Revolución Industrial, esta exposición muestra sin dramas la otra faceta. En el segundo piso de NC-arte, los edificios emblemáticos están distribuidos como si fueran tótemes, mientras que en las paredes, en cajas plateadas de 45 cm x 25 cm, están escritos en carbón (cuyo polvillo se ha ido cayendo) los nombres de lugares colombianos en donde los hombres se hunden en la tierra para sacar el mineral que ha hecho posible una forma de desarrollo económico: La Loma, Dibuya, Barrancas, Angelópolis, El Descanso, Catatumbo, La Jagua, El Zulia, Tazajero, Cimitarra.

En palabras del curador José Alejandro Restrepo, dentro de la exposición, esos nombres “son dibujos que se desvanecen; aquí son metáforas de la evanescencia; allá, contaminación y desastre a cielo abierto”.

Una serie de fotografías en formato mediano, que muestra a varios de los tótemes en depósitos de carbón de Bogotá, complementa esta exposición que además de impactante por su propuesta señala, de manera contundente, un aspecto complejo del mundo contemporáneo.

‘Catatumbo’ es la tercera propuesta dentro de un tema que ha trabajado Nohemí Pérez desde el 2009 y está curada por Alejandro Restrepo.

Nohemí Pérez.

Nace en Tibú (1962). Realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla y pintura en la ASAB (academia superior de artes de Bogotá). Su formación estuvo influenciada por la cercanía con el teatro y su proceso creativo se ha visto nutrido por un intenso contacto con el cine. Ha participado en muestras colectivas en la galería Santa Fe, Fundación Gilberto Álzate Avendaño, Museo de arte Moderno de Cartagena, Galería Arteria de Barranquilla, galería el Museo y Galería Alonso Garcés; Ha realizado las exposiciones individuales “Urbania” en el museo de Arte Moderno de Cartagena;”Sin noticias de Dios “en la galería Alonso Garcés;”El Lugar sin límites” en el centro cultural Universidad de Salamanca en Bogotá; Noctámbula en la galería Alonso Garcés. Su obra hace parte de la colección del Museo de Arte Moderno de Cartagena y varias colecciones privadas.

Nohemí Pérez se ha destacado por establecer una crítica cultural, política y social en su obra a partir de la relación entre el hombre y la urbe en múltiples matices: La imponencia y caos emocional que la modernidad impone sobre el sujeto de la ciudad contemporánea, la marginalidad que se esconde, pero que a su vez, es visible en una sociedad que niega esta condición, el desarraigo y la soledad que se experimentan en medio de las ciudades modernas, desatadas y peligrosas. La técnica expresionista alemana, mas influencias del cómic noir, son algunos de los elementos que ha tomado la artista para su obra, fundamentada en el interés por el entorno urbano latinoamericano y los procesos humanos que se producen desde el anonimato. Por todos estos elementos, Pérez es una de las más reconocidas retratistas colombianas del lado oscuro de la Modernidad en la metrópoli actual, en todas sus expresiones.

Con Catatumbo, la artista muestra una propuesta contemporánea y diferente que reflexiona sobre los grandes cambios del mundo a nivel político, cultural, económico y hasta afectivo, planteando así el establecimiento de un nuevo orden en la vida del hombre.

Margarita Calle