Petricor, un proyecto de Nicolás Paris

Febrero 20 - Abril 13

PETRICOR NICOLAS PARIS

Nosotros los occidentales vemos los árboles pero no percibimos el bosque.

Leonardo Boff

Pensar es un acto, sentir es un hecho.

Clarice Lispector (Hora da estrela, 1998)

Petricor se presenta como un proyecto in situ para NC-arte en el que el tiempo y el espacio propios de una muestra de arte contemporáneo se ponen en entredicho. El lugar se transforma en un aula para la contemplación y el análisis de la naturaleza que va cambiando a lo largo de los meses de la muestra. Del mismo modo, el propio proceso de la obra no tiene un inicio ni un fin, sino que se desarrolla de forma paralela con el curso de la exposición. La sala expositiva se cubre parcialmente por un entramado de maderas recicladas —extraídas de suelos de casas de Bogotá— que forman protuberancias y escondites húmedos donde se hallan diversas plantas. El espectador podrá recorrer un espacio orgánico, hundirse en el olor de la tierra y observar meticulosamente cómo crecen las ramas que cohabitan en este gran jardín.

El término petricor tiene sus orígenes en la palabra griega compuesta por petra: piedra e ichor: el fluido que corría por las venas de los dioses griegos según la mitología helenística. El vocablo fue acuñado en 1964 por los científicos Isabel Joy Bear y Roderick G. Thomas en un artículo para la revista Nature en el que describen aquel olor tan particular que emana de la tierra y los campos justo después de la lluvia. Aseguran que el aroma procede de aceites segregados por algunas plantas que durante períodos secos impregnan el suelo rocoso y son absorbidos por superficies arcillosas. Cuando caen las gotas, el aceite se libera en el aire y la colisión entre agua y brisa genera lo que podríamos llamar «una lluvia al revés» en la que los átomos del aceite se dispersan en el espacio y desgranan ese olor tan agradable que solo podía ser sangre divina.

En Petricor el arte acontece en medio de las conexiones que ocurren en el espacio: elementos naturales deslocalizados, espacios por navegar en donde el cuerpo se mueve de otra manera, sentidos que deben activarse para comprender y acomodar los ojos, la nariz, los oídos y las manos. Es precisamente ese desplazamiento al que nos invita Nicolás Paris: nos abre las pupilas y nos sumerge en un espacio que huele a tierra húmeda ya lluvia que acaricia el musgo y los tallos. Habitar un lugar en el que la verdad emocional pueda tener el mismo valor que una verdad científica y observar, de forma asombrosa, que muchas veces ambas operan de igual manera. El artista nos aleja de querer captar las cosas únicamente por lo que son: las plantas no solo son plantas. Así, la obra nos obliga a entender el conjunto de relaciones que se desprenden de ellas; tal y como afirma Bruno Munari: «un árbol es la lenta explosión de una semilla». Petricor se convierte en una parada: la velocidad cotidiana se ralentiza a través de una observación que reclama la pausa.

La muestra también cuestiona las estructuras expositivas dadas: Petricor quiere ser un proyecto pedagógico de continuidad y una exposición en la que diferentes temporalidades se trenzan. Por ello cuenta con la participación de biólogos, arquitectos, docentes, agricultores, jardineros, directores de teatro, gestores sociales, filósofos, líderes ambientales, curadores y estudiantes, entre otros, quienes intercambian saberes y dan forma a este nuevo reto.

Simulando una escuela peripatética, el lugar de aprendizaje se articula caminando. Es un proyecto inconcluso, de devenir constante, un recorrido que trata de reunir lo indefinido y aleatorio con lo universal y permanente. En cierta forma, la posibilidad del artista de hacer cosas y dejarlas para que otros las vuelvan a nombrar, intervenir y finalmente hacer de nuevo. Compartir el descubrir de la naturaleza y localizar un nuevo árbol cada vez: en el suelo, en la tierra y en los objetos orgánicos que imagina el artista.

La exposición Petricor es un salón de trueque en el que los pupitres son plantas y las sillas listones de madera, en palabras del artista: «Un salón de clase para la dislexia: con orden invertido, mutación, sustitución, procesos erráticos, saltos de línea; un espacio que asume la incapacidad».

Claudia Segura

CURADORA